Artículos de Fe de nuestra congregación
Los siguientes son los artículos de nuestra fe en Jesucristo sobre los cuales se centra la doctrina de nuestra congregación, que a su vez es respetada, enseñada e impartida en cada uno de las Grupos a través de la enseñanza proveída a todos los Líderes.
A. La Trinidad Divina - El Dios verdadero es un Dios Trino y Santo, es también un Espíritu Perfecto sin partes ni cuerpo, sin principio ni fin, el cual siendo infinitamente Divino y Santo se ha manifestado a los moradores de esta tierra. Referencias bíblicas: Gen. 1:2-3; Gen. 16:9-13; Gen. 22:11-16; Gen. 31:11-13; Mat. 28:19; Efe. 4:4-6.
B. El Padre – Cuya gloria inmarcesible y grande esplendor, y que el mortal no puede contemplar cara a cara y vivir; pero quien amorosamente viendo al hombre perdido no quiso escatimar ni el sacrificio de su propio Hijo, para así poder reconciliar y redimir al humano para consigo mismo. Isa. 64:8; Sal. 68:5; Rom. 8:15; Mat. 7:11
C. El Hijo - Co-existente y co-heredero eterno de Dios, quien nacido en carne de una virgen por el poder del Espíritu Santo y habiendo hecho la expiación por los pecados humanos a través de su cruento sacrificio y derramamiento de su preciosa Sangre al morir en el Calvario, rompiendo así las cadenas de muerte y del infierno y levantándose del sepulcro en su gloriosa resurrección, elevándose a las alturas libertando así la cautividad, se constituyó en el único mediador entre Dios y los hombres; está sentado a la diestra del Padre intercediendo por los que Él redimió. Mat. 1:18, 3:16-17, 14:16-18, 21:23; Sal. 2:7; 1 Jua. 4:14-15
D. El Espíritu Santo – La tercera persona integrante de le Divina Trinidad quien está llevando a cabo una misión importantísima al convencer de pecado al hombre, capacitándolo para la obra del ministerio, y presentándolo vestido de justicia, estando así preparado para el día del juicio que ha de venir. “Toda escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar para redargüir, para corregir para instruir en justicia. Para que el hombre de Dios sea perfecto enteramente instruido para toda buena obra”. Eze. 36:26-27; Jua. 14:16-18, 26; Jua. 6:63; Rom. 8:14
E. La Caída del Hombre y su Redención por Gracia – Habiendo sido creado el hombre a imagen y semejanza de su creador; por su transgresión voluntaria, cayó de la gracia a la iniquidad; perdiendo la pureza y la inocencia de su creación, por lo que vendida la humanidad para hacerse pecadores no por fuerza sino por elección propia, hubo necesidad de que fueran sometidos al plan de Dios para la redención del género humano, pues careciendo de justicia y bondad propias, tenemos que venir a Dios descansando solamente en la gran compasión y misericordia de Aquel que nos lavó con su sangre preciosa derramada en el Monte Calvario, si por la fe aceptamos el don gratuito del perdón, el amor de Cristo, y la valiosa salvación. Gen. 2:7, 16-17; Gen. 3:17, 23; Isa. 59:2; Sal. 51:5; Rom. 3:10, 23-24; Efe. 2:1-10
F. Aceptación de Nuestra Culpa – Creemos que al aceptar el ser presos del pecado, con un arrepentimiento sincero; aquellos que invoquen a Dios por Cristo, pueden ser justificados por la fe y así adquirir la bendita paz y seguridad con Dios por medio de la aceptación del Hijo; como Salvador y Señor de nuestra vida. 1 Jua. 8-10; Pro. 28:13; Jer. 3:13
G. La Nueva Creatura - Creemos que la Salvación es algo muy real en el corazón del pecador, siendo este nacido de nuevo de tal modo que las cosas pecaminosas que antes anhelaba con deseo, son ahora repudiadas con aborrecimiento, considerando y deseando caminar y vivir la vida santa cuando se ha recibido el Espíritu de Cristo quien llena completamente al hombre, cuyo deseo ahora es agradar a su Dios buscando siempre las cosas de arriba. 2 Cor. 5:17; Efe. 4:22-24; Gal. 6:15
H. Vida Diaria del Redimido - Creemos que una vez redimidos y lavados en el lavacro purísimo de la sangre del Salvador, venimos a ser como niños recién nacidos quienes desean la leche espiritual del Evangelio, y creciendo en esta gracia y ya vestidos de la vestidura de justicia y armadura de Dios llegaremos a la estatura del varón perfecto; valientes siempre deseando nuevas conquistas de almas nuevas para el Señor; siendo piadosos, pacientes y veraces; siendo esto el reflejo del Cristo interior que mora y obra en nosotros diariamente. 1 Ped. 2:2, 9; Pro. 4:18; Jos. 1:7-9
I. El Bautismo en Agua - Creemos que el bautismo en agua deba ser en el nombre del Padre y del hijo y del Espíritu Santo conforme a lo ordenado por el Señor; siendo sepultados en las aguas como Él lo fue, y que así como Cristo resucitó de entre los muertos, así también nosotros nos levantemos para andar en novedad de vida. Mat. 28:18-19; Rom. 6:6-7, 34
J. La Santa Cena - Creemos en la observancia de la Santa Cena por el rompimiento del pan, tipo precioso del cuerpo de Cristo que fue quebrado y traspasado por nosotros; y el jugo de la vid como símbolo de la sangre inocente derramada por el Salvador del mundo, que debe recordar el creyente; creyendo también que hay necesidad de un profundo escudriñamiento del participante quien con todo temor y temblor participe de ambos elementos sin participar indignamente, y acarrear condenación para su propia alma. 1 Cor. 10:16-17, 11:23-30
K. El Bautismo del Espíritu Santo – Creemos que el bautismo del Espíritu Santo es la plenitud gloriosa del poder de Dios para revestir al creyente con poder de lo alto, para formar en él, un espíritu compasivo y tierno en favor de las almas perdidas. Creemos que viviendo actualmente en la dispensación del Espíritu Santo hay suficiente razón para buscar y esperar su venida, de la misma manera que lo hicieron los primeros cristianos quienes esperaron y buscaron el bautismo del Espíritu Santo como Cristo les mandó y que al ser llenos de Él como lo fueron en la casa de Cornelio se diga, ” El Espíritu Santo cayó sobre nosotros en el principio”. Joe. 2:28-29; Hch. 2:1-4; Hch. 8:15-16; Hch. 10:44; 1 Cor. 12:13
L. La Vida Llena del Espíritu Santo - Creemos que mientras el Espíritu Santo, quien puede obrar portentos como lo hizo al derramar como lenguas de fuego su poder, sacudiendo toda una comunidad, es sin embargo como una tierna paloma, como se manifestó en el río Jordán al ser bautizado el Señor Jesucristo, y que se entristece por la impiedad llena de pecados y prejuicios malévolos de los pensamientos que deshonran al Señor Jesús. Por ello, es menester hacer la voluntad de Dios y andar como quien anda con pies descalzos en la presencia del gran Rey. Mat. 3:16; Hch. 2:28-39; Eze. 36:26-27; Rom. 8:14; Hch. 1:8; Efe. 5:18-19; Jua. 16:13-15
M. Dones y Frutos del Espíritu Santo - Creemos que el Espíritu Santo tiene suficiente poder para repartir, llenando de dones a la iglesia; dones indispensables en la nueva creatura para su crecimiento espiritual; si es que los recipientes le desean para edificación y beneficio, y que diligentemente buscan estos frutos para vivir una vida llena del Espíritu Santo. Dones: 1 Cor. 12:1, 8-10, 28-30; Rom. 12:3-8; Efe. 4:11-12; Frutos: Gal. 5:22-23; Efe. 5:9; Fil. 1:11
N. Sanidad Divina - Creemos que la sanidad Divina es la potencia del poder de Jesucristo para librar a los afligidos y menesterosos como respuesta a la oración de la fe del creyente en Aquel que es el mismo ayer y hoy y por los siglos; que no cambia jamás y que en tiempo de prueba, dolor físico o aflicción del alma siempre está con él. Sal. 30:2; Sal. 103:3; Sal. 147:3; Isa. 53:4-5; Mat. 4:23; Mat. 10:1; Mar. 16:17-18
O. La Segunda Venida del Señor - Creemos en la inminente segunda venida del Señor, quien descenderá del cielo con gloria y con trompeta de Dios; pero cuya fecha de esa vuelta es ignorada del humano y que vendrá para levantar a los suyos, siendo los primeros los muertos en el Señor. Creemos que si vivimos una vida sobria, llena del Espíritu Santo, menester es ocuparnos en la obra de Señor hasta que El venga; predicando y esparciendo el Evangelio de Salvación y Poder a los que lo desconocen o se han apartado de él. Hch. 1:10-11; 1 Tes. 4:16-18; Sant. 5:7-8; 1 Cor. 11:26
P. Gobierno Civil - Creemos que el Gobierno Civil es de nombramiento divino y por tanto merece nuestras fervientes oraciones y nuestro desinteresado apoyo en todo tiempo; exceptuando aquellas ocasiones en que estos se opongan a la voluntad de nuestro Dios, y que tiendan a estar en contraposición a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, quien es el Rey de Reyes y Señor de Señores; en quién esta sólo la verdadera justicia. Rom. 13:1-2; 1 Ped. 2:17; Exo. 22:28; 1 Tim. 2:12
Q. El Juicio Final - Creemos que los que mueren, grandes y chicos, se levantarán junto con los vivos y vendrán a comparecer ante el gran juicio de Dios y que entonces una terrible separación será hecha cuando los que vivieron una vida llena de impiedad sean lanzados en el castigo eterno, mientras los justos entren en las moradas de paz. Creemos que este juicio declarará inapelablemente el estado de los hombres en el cielo o en el infierno, según los principios establecidos en la Palabra de Dios. Mat. 25:31-32; Heb. 9:27; Jud. 1:14-15
R. Los Cielos – Creemos que los cielos son sublime e indescriptible la bella morada del Dios viviente y que en ese lugar, donde Cristo prometió preparar para los redimidos; creyentes fieles que lavaron sus ropas en la sangre del Cordero; que es un lugar donde no hay tinieblas, pero también un lugar al que no entra aquel que no ha guardado sus ropas sin mancha y sin arruga, y en donde los ángeles celestiales llenan con sus dulces notas de cánticos divinos la presencia del Rey, ante el cuál inclinados con grande reverencia le dicen en gran coro celestial: Santo, Santo, Santo. Deut. 10:14; Sal. 11:4; 2 Cor. 5:1; Mat. 6:9; Fil. 3:20; 1 Ped. 1:4
S. El Infierno - Creemos que hay un lugar de tinieblas tenebrosas donde existe el más profundo dolor, un lugar preparado para el satanás y sus ángeles, lugar donde se escucha sólo el lloro y el crujir de dientes, lo que la Biblia categoriza como la segunda muerte, el lago de fuego, y que allí los que rehusaron aceptar la misericordia y amor del Cristo crucificado; sufrirán eternamente por cuanto despreciaron al Cristo redentor que vino a la tierra a ofrecerles salvación y vida eterna. Mar. 9:43-44; Mat. 25:41; Apo. 21:8; Luc. 12:5
T. Esparcimiento del Evangelio - Creemos que acercándose el tiempo para que todos estas cosas que nos rodean sean disueltas; debemos esforzarnos y disponernos a la extensión del Evangelio de poder y de paz, para así alcanzar la mayor cantidad de hombres y de ser posible llevemos el mensaje hasta los últimos confines de la tierra, pero siempre con celo y ardiente pasión, calzados los pies con el poder de la fuerza de Dios, quien ha prometido estar con nosotros en la unificación de todos los que amamos la venida del Señor para mantener encendida la flama del Evangelio, que fue la gran comisión dada por Cristo a los que escogieron la cruz de su sacrificio para ganar a otros para el Señor. Mar. 16:15; Hab. 2:14; Mat. 24:14